miércoles, 12 de julio de 2017

PALABRITAS DE AMOR

I





1

Esta tarde
al pisar la calle
la Luna de tu cara,
espejo enamorado,
se reflejaba
en el lago cristalino
de mi alado corazón.





















2

El perfume de tus ojos
me recuerda
un corazón en primavera.

























3

Tu sonrisa fresca
canto de un arroyo
en primavera.

























4

El amor
es una bomba
con efecto
retardado.
























5

El amor
es un veneno
con efecto a largo plazo

























6

Dolores de amor
imposible,
Lujo de estómagos
satisfechos.
























7

Dolor de amor
andorga plena
brindis al sol.

























8

¡Qué alegría
perderse sin remedio
por los surcos vibrantes
de las flores!
























9

Aerolito de la muerte
llegaste.
Puñalada directa
al corazón.
























10

Flor abierta
seductora
como araña asesina
camina.
























11

Recortada en el aire
de los montes
cabalga tu figura enamorada.

























12

En el aire de la mañana
pájaros negros.
Por el corazón la sangre
cementerio....los deseos.
























13

Sofisticada imagen
de sí misma
vendida al mejor
postor.
Palabrita pronta
agujero negro
de la vida.





















14

Silencio en el centro
de la vida
Silencio
Las razones no se buscan
Están
Silencio






















15

EXORCISMO
La vida y la muerte
frente a frente.
Desterrado dolor.
El camino está abierto.
Adiós.






















16

Una palabra
un sueño
Una pisada
un duelo
La Destrucción
y
El Amor





















17

Acercarse
Fundirse
Forma perfecta
Para
Alejarse























18

Amar
Principio de la desesperación
Amor
Primer paso hacia el odio
Amarse
Morirse de deseo






















19

Vino con el viento
con el viento se fue
dejando un rastro
de ilusiones perdidas.
























20

Palabritas de amor
las que tú dices
llenitas de veneno
van las raices
de tu cuerpo
ay
de tu corazón.














domingo, 2 de julio de 2017

REFRAN RUMOR DE LA GENTE SETENTA Y CINCO DIAS

Meterse en este universo de los refranes puede ser una gloria o un infierno, depende por donde se mire. La gloria porque nos pone en contacto con mundos antes desconocidos y el infierno porque cada refrán puede tener un campo semántico tan amplio que no sabe uno como ordenar todo el material. Tal el presente caso.
En otra ocasión yo mismo comentaba el refran: Sobre una piedra,tres años que traducía por aquél de “No se ganó Zamora en una hora”0 sea, tiempo al tiempo y mucha paciencia del japones ante las cosas y, sin embargo el rumor sólo setenta y cinco días. Por lo que he visto yo el japonés es muy paciente, pero al mismo tiempo muy olvidadizo. Parece como si aquello que no le interesara se lo echara sobre la espalda y rápidamente buscara otras cosas en que entretenerse.
Un par de años antes de las Olimpiadas de Seul muchos libros aparecieron sobre Corea, su cultura etc. y ya, pasados pocos meses del acontecimiento, los ve uno aparecer en la basura o tienda de viejo. ¿Es un veleta el japonés? Yo no lo sé, pero lo que sí es cierto es que la memoria más segura lo es menos que la escritura, que dice el refrán castellano.Por eso debe ser que la burocracia japonesa es tan extensa, no se si tan eficaz como pretende.
En una palabra, y no sólo en Japón, el público se preocupa de la tormenta cuando truena, se acuerda de Sta. Rita o del Hotokesama en el momento del trueno o del tifon, pero una vez pasado el trance, olvidado el santo. Olvidadizos que somos los humanos.
En esta época nuestra de medios de comunicación para dar y regalar la economía, la política etc. debe ir deprisa, deprisa y se crían modas y formas que desaparecen en un periquete como por arte de magia. La moda es fruta del tiempo que pasa y se la lleva el tiempo. Seguramente por eso debe ser que yo le tengo tanto horror. Y aunque el tiempo aclara las cosas y nos dice lo que quedará y lo que no,también el tiempo va oscureciendo la realidad de esas mismas cosas y todo lo mezcla y confunde haciendo que se sublime el tiempo pasado como siempre mejor que el presente, cosa no siempre cierta.
Yo recuerdo allá por los años mocitos, cuando los tiempos eran menos cómodos que ahora, cómo mucha gente hablaba de las necesidades pasadas en tiempos de guerra y cómo en ese momento se estaba derrochando sin ton ni son. Pasados ya 15/20 años de aquellos comentarios,vuelvo a mirar a los comentaristas y compruebo cómo el tren suyo de derroche es muy superior ahora que el de otras personas. ¿Y qué dicen ahora? ¡Para eso nos lo podemos permitir! Esta visto, mudado el tiempo, mudado el pensamiento y esto se puede aplicar igualmente a España, Japón y otros lugares... Despues de la 2ª Gran Guerra vino el desastre y la falta de todo lo habido y por haber.¿Y ya quién se acuerda de aquello? A no ser que la procesion vaya por dentro, al
menos aparentemente, nadie parece acordarse de los viejos trances.
Tal vez porque el tiempo todo lo cura y todo lo muda. Lo muda, y tan
deprisa que lo primero son las promesas de los politicos. Como todo el mundo sabe ahora está pasando Japón una dura prueba en cuanto a política se refiere. Corruptelas y demás cosas de tal índole, problemas de impuestos y demás. Gane o no gane otro grupo en las elecciones, ¿quién se va a acordar de las promesas que se están haciendo dentro de un par de años o antes incluso? Y si no, volvamos la vista atrás, ¿quién se acuerda ya de la gran corruptela del asunto L., del suicidio ritual del famoso escritor, del avión derribado en el norte de Japón, de la Bomba Atómica...?
Por lo que yo veo la mayoria de la gente se acuerda cuando lo rememora la T.V. o el periódico, algo así como esa estúpida costumbre de que al menos una vez al año hay que ser bueno o cumplir con ciertos ritos que ni se sienten, ni se piensan, ni se aman, sólo eso, sacralizacion de ritos muchas veces ya muertos.0 tal vez, intentando ver el problema desde otro punto de vista,si nos paramos a observar el clima tan poco estable del país, los terremotos, tifones etc., ¿para qué preocuparse de lo que este más allá de mañana si dentro de cien años (esto lo diría un hispano) todos calvos?
El colmo del olvido, o de la voluntad de olvido unido a un pragmatismo fino está en lo que dice el refrán hispano : El muerto al hoyo y el vivo al bollo,si bien parece, y creo que sólo parece, en Japón no llega a ser tan descarnado.
Muchas veces, por aquello de que uno se dedica a la enseñanza de idiomas, pregunto a un pimpollo que todavía no ha salido del cascaron,¿y tú cuando has estudiado espanol? La respuesta, mas de una vez, me ha dejado patidifuso : MUKASHI, o sea antiguamente, que traduce el diccionario. Pero criatura ¿Cuántos siglos tienes tú como para atreverte a decir tal cosa? , me gustaría preguntar más de una vez.
Curiosa forma esta de vivir el tiempo, y sin embargo un recuerdo que fue agradable queda y queda como si de un tesoro se tratara.Un recuerdo o un odio no vengado. ¿Distinta visión metafísica del mundo? No lo sé, pero sí muy interesante tema para iniciar un estudio antropológico.
Si la voltaria rueda de la Fortuna es ciega, que dijera el poeta:
todo lo consume el tiempo
todo la muerte lo acaba
que dijera el cantar flamenco, y si el tiempo cicatriza las heridas y no hay mal que cien años dure... ¿para qué preocuparse de lo pasado?
Tal vez sea esa la mejor aptitud ante la vida, a pesar de todo, pero ¿y los que vienen detrás,qué hacemos con ellos ?Tiempos dificiles de elecciones nos ha tocado vivir.


jueves, 22 de junio de 2017

DESCANSO

DESCANSO

El día había sido ajetreado para ambos. Por el tipo de quehaceres, era un ajetreo más mental que físico. El cansancio físico dejaba en cierto momento una sensación agradable. Los músculos hormigueaban pero la mente se encontraba relativamente tranquila. El otro, el ajetreo mental, llevaba a la rigidez del músculo y al bloqueo del ordenador mental. El primero se curaba con descanso del cuerpo, el segundo ni con eso conseguía desaparecer rápidamente.
La persona hacía un esfuerzo diario por aparecer en buen estado pero en su interior se iba acumulando un no sé qué oscuro que cuando no era ya soportable podía estallar de la peor manera.
La mujer, en ropa de noche, como pedía la temperatura de la habitación , se acurrucó al lado de su amado. Se miraban de frente. La altura de la almohada permitía que él pasara un brazo bajo su cuello y la mano podía acariciarle la espalda como se acaricia a un niño para que se relaje y se duerma.
Ella cruzaba su pierna derecha sobre el cuerpo amado, muy pegadita, y su brazo derecho a la altura del hombro. El brazo izquierdo de él le rodeaba la cintura. Las bocas, los labios quedaban a una altura adecuada para poder besarse con ternura.
    Fue un beso largo. Más que el ardor del beso hacia el otro, fue un beso en el que se concentraba todo el sentimiento de amor, de dulzura, de deseo de protección, de deseo de transfusión de sangre mútua. Ella, sus sentimientos, a través de los besos, estaba amando tiernamente a su niño. Se transmitían también a ella los de él, tan tiernos y dulces como la brisa del mar. Los besos iban eliminando el cansancio, limpiando todas las partículas del sentir, de los pensamientos negativos que por ella habían pasado aquel día.
    El trabajo, las diferentes relaciones con las personas, con compañeros y amigos, las preocupaciones externas, ante las que, por mucho que lo deseara, no podía huir, Toda la caja de negrura del corazón iba desapareciendo.
    En lo más profundo de su alma una luz de felicidad , una especie de rosado amanecer, empezó a hacerse paso. Se diría una luz celestial que invitaba a la limpieza del alma como el agua turbia se purifica depositándose los detritos en el fondo del recipiente.
    Ella, debido al cansancio, cayó más rápido en el sueño. El lo notó por su respiración acompasada, a veces sostenida rítmicamente con unos leves ronquidos, más bien gruñidos de gatita feliz.
    El la contemplaba con un sentimiento de felicidad infinito. No tardó mucho en caer también en los brazos de Morfeo, que bien pudiera llamarse Morfea......, si bien la palabra no existía. Quedó completamente dormido en brazos de ella.
    Cuando la luz del sol empezó a filtrarse por la ventana y los pajarillos, siempre alborotadores, a cantar, abrieron los ojos al mismo tiempo. ¿Estarían en el cielo?, se preguntaron al unísono. Tal era la sensación de placer que sentían después de haber dormido profundamente.
  • Buenos días, amor, dijo ella.
  • Buenos días, cielo, dijo él.
  • -¿Qué tal?
  • ¡De maravilla!
  • Hay que levantarse
  • Desgraciadamente sí.
  • ¿Queda tiempo para un beso?
  • Y para dos, pero no me excites que si no no tendremos tiempo para salir a pasear.
  • Bueno, el desayuno en la ducha.
  • ¡Hecho! Primero yo que quiero lavarme estos pelos de loca que tengo.....

    Beso largo,dulce, tierno que, a pesar de todo, levantó las pajarillas de la pasión y del deseo.
    DESAYUNO
    Lo quiero todo
    el cañón levantó
    a la caza del conejo
    el fusil salió
    Lo quiero todo
    todo se lo comió
    Cuando él entró en la ducha, a ella el agua le corría desde el punto más alto de la cabeza. Ya se enjuagaba después de lavarse el pelo.
    Entró con ella bajo la ducha. Se echó jabón para el cuerpo en la mano derecha y empezó a enjabonarla desde la base del cuello, por detrás de las orejas la friccionaba dulcemente. Un gemido se le escapó. Ya había terminado de enjuagarse el pelo. La mano derecha se escurría el cabello y con la izquierda lo buscaba a él. El se acercó a la parte izquierda de ella mientras con la mano derecha la friccionaba con el jabón.
    El también sentía que algo le subía desde las planta de los pies. Del cuello a la parte derecha del melocotón que parecía su culete la friccionaba con dulzura. El centro de la espalda era un reguero de agua cálida y de espuma mezclada con una sensación de sensualidad pocas veces conseguida. La espuma pasaba por el canalillo del melocotón. Ahí el metió la mano, limpiando. Una especie de rugido salía de la garganta de ella.
    El se pasó a la parte derecha. Esta vez no empezó en el cuello. La mano izquierda pasó al pecho y lo masajeaba con la espuma. Las caricias producían placenteros gruñidos de gatita. Le cogió la mano izquierda y se la llevó hacia la cintura y el bajo vientre. Un poco más y ya rozaba el pubis, mientras con la mano derecha la sujetaba con fuerza. Ella le acompaño la mano hasta que le rozó el clítoris. Como conocía su sensibilidad lo rozaba con la yema de los dedos. Ella sacudía la cabeza. Llevó su mano izquierda y lo agarró por su berenjena. Se agachó un poco y se abrió de piernas.
    -Entra, por favor. Hasta lo más hondo.
    Casi con la postura de un perrillo, le friccionaba la parte delantera, ella hacía como que huía lo que ayudaba a que el pene entrara hasta el fondo. .
    El se movía, ella tenía la mano derecha sobre la pared de la ducha, también lo hacía, pero con menos fuerza. Se ajustaron perfectamente y se iban intercambiando los ritmos. Ella puso las dos manos sobre la pared. Las manos de él se alzaron a los pechos, los pellizcaba levemente, especialmente las aureolas. Ella retrocedía y él entraba a su placer, sin dificultad ninguna.
    -Sigue, sigue, cariño, no te pares, eran palabras que con dificultad salían de la boca de ella. El jadeaba.
    - Que me corro, que me voy, que no aguanto más .
    Ella tiró de su cuerpo. Volvió a darle al chorro del agua que había cerrado con antelación . Le quitó la espuma a él, se despumó y se puso de rodillas frente a la picha inflamada. Se la introdujo dulcemente entre los labios hasta donde pudo. Una convulsión los recorrió. Ella quedó llena de otro tipo de espuma que le corría golosa por la fisura de los labios. El la levantó , la abrió de piernas y le introdujo la lengua hasta donde pudo.....
    Habían desayunado bajo la ducha, él conejo caliente y ella un vaso de leche de garañón cachondo.
    Se dieron el último roción de agua, se secaron el uno al otro, se vistieron y se prepararon para salir. 

lunes, 12 de junio de 2017

OPPEL Y EL ELEFANTE

OPPEL Y EL ELEFANTE

Nos habla un baquero

PRIMER DOMINGO


Con sólo escuchar el nombre de Oppel...; ¡Qué hombre! Tenía instaladas seis trilladoras de arroz que levantaban un ruido tremebundo.
Dieciseis labradores, las caras rojas como las ascuas del fuego, pisaban el pedal de las trilladoras y metían por un lado los montones de haces de arroz. El arroz salía hacia adelante y los limpios haces de paja los lanzaban hacia atrás volviendo a formar nuevos montículos de paja y arroz de donde salía flotando una especie de polvillo amarillo parecido al polvo del desierto.
Oppel, con su gran pipa de ambar en la boca, paseaba con toda parsimonia, con las manos enlazadas a la espalda, por aquel penumbroso lugar de trabajo, los ojos semicerrados y poniendo mucho cuidado en que no cayera la ceniza sobre la paja.
El recinto era bastante fuerte, del tamaño de una escuela y, sin embargo, por que será que se movía tanto, a pesar de haber seis trilladoras del nuevo tipo. A causa de eso, estando dentro, entraba mucha hambre. Aunque la verdad es que Oppel hacía que a todos les entrara la suficiente hambre como para que a veces se pudieran comer un tortillón calentito como la balleta del polvo y un bistec como la suela de un zapato.
De todas formas, el ruido era tremendo.
Entonces, nadie sabe cómo, pues... aparecio un elefante blanco. No, en absoluto era un elefante pintado. ¿Que por qué había aparecido por allí? Pues...., como era un elefante,lo mismo habia salido del bosque y, sin más, se había dirigido hacia allí.
Cuando el bicho asomó la cabeza con toda parsimonia por la puerta, los campesinos se quedaron helados. ¿Y por qué se sobresaltaron? ¡Vaya pregunta! Pues porque nunca se sabe lo que va a hacer un bicho así. Si le hubieran hecho caso, como nadie sabía lo que podia ocurrir, lo dejaron y cada uno se dedicó a su tarea con ahinco.
Sin embargo, en ese momento, desde detrás de la fila de máquinas, Oppel, con las manos en los bolsillos, miró ráuda y fijamente al elefante. Entonces, rápidamente, dirigiéndose abajo, como si no ocurriera nada, volvió a pasearse pausadamente.
Y entonces, el elefante puso una pata sobre el entarimado de la casa. Los campesinos se quedaron de piedra, pero como estaban muy ocupados y hubiera sido mucho peor hacerle caso, siguieron con su tarea de trilla.
Oppel, desde el claroscuro fondo de la casa, sacando las manos de los bolsillos, volvió a dirigir la mirada al elefante. A continuación se puso a andar de nuevo juntando las manos detrás de la base del cuello, dando a propósito un gran bostezo que parecía de autentico aburrimiento. Al tiempo, impetuoso, el elefante avanzó hacia el interior de la casa dando a entender que quería subir al entarimado.
Los campesinos se asustaron de verdad y esta vez tambien a Oppel le recorrió un escalofrio por la espalda, pero siguió con la pipa en la boca echando humo, fingiendo no hacerle caso mientras andaba a sus anchas de un lado a otro.
En esto, el elefante acabó por encaramarse en el entarimado y con toda la cara comenzó a andar delante de la maquinaria, pero como las máquinas iban a toda prisa, los cascabillos daban sobre la piel del descarado elefante como si de una tormenta de granizo se tratara.
El elefante parecía verdaderamente molesto con los golpes de las cascarillas. Entrecerró los ojos en una sonrisa que se podía descubrir observándolo bien. Oppel, decidido por fin, se plantó ante las maquinas para hablarle al elefante cuando éste le dijo con su preciosa voz de ruiseñor:
-¡Ah, esto es demasiado! El grano me da en los colmillos...
Exactamente, los cascabillos le daban en los colmillos lo mismo que en su inmaculada cara y cuello. Entonces, Oppel, poniendo toda la carne en el asador, pasándose la pipa a la mano derecha...,le dijo:
-¿Qué tal? ¿Te parese interesante todo esto?
-Sí es muy interesante, respondió el elefante con una sonrisa mientras ponia el cuerpo de medio lado.
- ¿Qué te parece si te quedaras aquí para siempre?
Los labradores, sorprendidos, suspendido el aliento, se quedaron mirando al elefante. Oppel, después de decir aquello se echó levemente a temblar. Sin embargo el elefante respondió con toda tranquilidad:
- Me parece muy bien... Me gustaría.
- ¿Sí? Entonces decidido ¿Cómo no?, añadió Oppel con su cara estrujada como el papel en una sonrisa que desbordaba alegría.
¿Qué te parece? Asi fue como Oppel convirtió al elefante en su fortuna. Y ahora míralo, ¿qué hacer? ¿ponerlo a trabajar o venderlo al circo? Hiciera lo que hiciera sus buenos dineros iba a conseguir con el.


SEGUNDO DOMINGO

iQué tipo este Oppel! Pero tampoco se quedaba atras el elefante que consiguió meter en la casa del descascarillado del arroz. Un bicho con más de veinte caballos de potencia. Primero, completamente blanco y con un marfil precioso en sus colmillos.
La piel, en su conjunto, muy fuerte y hermosa, y además un buen trabajador. Y sí añadimos lo que ganaba. En verdad que el dueño era un tipo impresionante.
- ¡0ye! ¿No necesitas un reloj?, se dirigió Oppel al elefante acercándose, pipa en mano, a la puerta de la casita de éste, mientras le observaba.
-Yo no necesito reloj, respondió el elefante con una sonrisa.
-Póntelo, es muy bueno,le iba diciendo mientras le colgaba al cuello un gran reloj de hoja de lata.
- Esta bien esto ¿verdad?, fue la respuesta del elefante.
- También necesitarás una cadena , no había terminado de decirle Oppel cuando ya había enganchado una de cien kilómetros a la rama que tenia delante.
-¡Qué buena esta cadena!, dijo el elefante dando unos pasos.
- ¿Y si te pusieras unas botas?
- Yo no me pongo eso.
- Anda, anda, póntelas. Es algo extraordinario, miraba Oppel a la cara del elefante intentando comprender lo que verdaderamente sentía, mientras por detras le colocaba unas grandes botas de cartón piedra.
- iQué bueno!, volvió a responder el elefante.
- Habrá que colocarle un adorno, decía Oppel mientras a toda prisa le colocaba por encima de las botas un contrapeso de cuatrocientos kilómetros.
-¡Maravilloso!, volvía a repetir el elefante dando unos pasos muy feliz.
Al día siguiente, tanto el reloj de hojalata como las miserables botas de cartón piedra se habían hecho añicos, quedando el elefante amarrado y andando tan contento tan sólo con su cadena y el contrapeso.
- Disculpa, pero los impuestos están muy elevados. Hoy haz el favor de acarrear un poco de agua del rio. Le dijo Oppel al elefante mientras le dirigia una mirada, las manos cruzadas a la espalda.
- Claro, traeré el agua, toda la que haga falta.
El elefante, sonriente, muy contento, pasado el mediodía había dado cincuenta viajes habiendo regado con ellos el huerto.
A la caida de la tarde, en su casilla, comiéndose unos diez haces de paja de arroz, levantaba la vista hacia el cuarto creciente.
- Ah, qué alegría esto de ganarse el sustento. Qué regocijo, pensaba el elefante.
Al día siguiente, Oppel, con un sombrero rojo, adornado con una borla, se dirigió al elefante,las manos escondidas en los bolsillos.
- Discúlpame, pero los impuestos vuelven a subir. Trae una poca de leña del bosque, por favor.
- Por supuesto, enseguida la traigo. Hoy hace un día estupendo y me gusta recorrer el bosque, respondió el elefante con una sonrisa.
Oppel se asustó un poco y estuvo a punto de caérsele la pipa de las manos, pero el elefante echó a andar enseguida alegremente por lo que se tranquilizó, se ajustó la pipa, carraspeó y se dirigió hacia donde se encontraban trabajando el resto de los campesinos.
Un poco después de mediodía ya había traido el animal, muy contento, más de novecientos haces de leña.
A primera noche, en su casita, el elefante miraba hacia la Luna mientras se comía ocho brazadas de paja.
- Ah, hoy también he trabajado mucho ¡Santa Maria!, murmuraba el animal.
Al dia siguiente:
- Perdona, los impuestos se han quintuplicado ¿Por qué no vas a la herrería a soplarle al fuego?
- Si, claro. Haciéndolo con fuerza puedo hacer volar una piedra sólo con mi respiracion.
Oppel se asustó pero se sonrió y se tranquilizó enseguida. El elefante se dirigió hacia la fragua y doblando las patas estuvo soplando el fuego mediodía en lugar del fuelle.
Esa noche, mientras se comía siete brazadas de paja, mirabala Luna en su quinto dia y comentaba:
- Ah, que cansado estoy, pero contento ¡Santa Maria!
¿Qué te parece? Y al dia siguiente, desde por la mañana, tenía que volver a trabajar. Ese día sólo se comió cinco haces de paja. iTanta fuerza con tan poca comida! ¡Parece increible!
La verdad es que el elefante era muy económico, y ello era así porque Oppel era un tipo muy inteligente... Oppel, en verdad,un gran tipo.


QUINTO DOMINGO

Oppel, eh, es lo que iba a decir, desapareció... Vamos, tranquilizate y escucha. Oppel se pasó con el elefante del que te hablaba. Como su trato era cada vez más horrible, el elefante terminó por no sonreir. A veces, poniendo ojos de dragón rojo, lo miraba fijamente, de arriba hasta abajo.
Un día, al tiempo que se comía las tres brazadas de paja que le habían dado, miraba a la Luna murmurando:
- iQué dolor! iSanta María!
Oppel, que lo oyó, empezó a tratarlo cada vez peor. Una noche, en su cuchitril, se cayó, sentándose en el suelo y mirando a la Luna, dijo:
- Ya... Adiós... iSanta María!
La Luna le pregunto delicadamente:
- ¿Eh? ¿Cómo? ¿Adiós?
- Si, adiós, ¡Santa María!
- ¿Qué tonterías dices? ¿Le has escrito por un casual a tus compañeros? , le preguntó la Luna con una sonrisa.
- No tengo papel ni pincel para escribir, respondio el elefante con una voz muy delgada y de inigualable belleza mientras las lágrimas empezaban a resbalarle por el rostro.
- Mira, esto ¿verdad? , dijo justo delante de él la voz de un niñito bellísimo.
El elefante levantó la cabeza y vio ante sí un niñito vestido de rojo que le daba papel y pluma. El elefante escribio rápidamente:

"ESTOY EN UNA SITUACION TERRIBLEMENTE MALA. VENGAN A AYUDARME TODOS"

El niñito cogió la carta y echó a andar hacia el bosque. Llegó a la montaña justo a la hora de la comida. En ese momento los elefantes de la montaña se encontraban reunidos a la sombra de un árbol sala, jugando al juego del GO y juntando sus frentes leyeron lo siguiente:

"ESTOY EN UNA SITUACION TERRIBLEMENTE MALA. VENGAN A
AYUDARME TODOS"

Los elefantes se levantaron en un suspiro, ennegrecieron de rabia y empezaron a gritar.
- iCastiguemos a Oppel! , gritó el jefe de la asamblea, a lo que los demás corearon :
-¡Vamos!
Lo mismo que una tormenta salieron del bosque y sin dejar de emitir sus característicos gruñidos, se dirigieron hacia la sabana. Parecía que se hubieran vuelto locos. Los árboles pequeños, los arbustos, todo lo que encontraban en su camino lo destruían con sus tremendas zarpas.
Lo mismo que los fuegos artificiales,asi se dispersaron los elefantes por el prado. Corrieron y corrieron hasta los difusos confines de la verde pradera, donde se encontraba la mansion de Oppel. Cuando encontraron su tejado amarillo los elefantes estallaron en un gruñido ensordecedor.
En ese mismo instante, Oppel, como era la una y media, se encontraba en plena siesta, soñando con los pajaritos.
El ruido era tan tremendo que los trabajadores de la casa salieron a la puerta y haciéndose sombra con la mano miraron a lo lejos. Parecía un bosque de paquidermos en movimiento lo que se movia más rápido que el tren. Perdido el color empezaron a gritar al dueño con todas sus fuerzas.
-¡Señor, señor! ¡Que vienen los elefantes! ¡Que vienen los elefantes!
Pero Oppel era verdaderamente inteligente. Fue abrir los ojos y entenderlo todo en un periquete.
- ¡Eh! ¿Está el elefante? ¿Está? ¿Si? Bien, ciérrenle la puerta. Rápido, ciérrensela. Rápido, traigan una tranca. Métete ahí, imbécil , ¿que haces a estas alturas intentando escapar? Aten ahí la tranca. ¿Qué crees, que te vas a escapar? Te estoy quitando la fuerza a propósito. Con eso será suficiente. Bien, traigan otros cinco o seis troncos. Les digo que no se preocupen.A ver, todo el mundo a las puertas. Cierren las puertas. Coloquen los cerrojos, atranquen, atranquen. Tranquilos, no se hundan.
Oppel había terminado ya los preparativos, y con una hermosa voz que se diría la de una tompeta, animaba a los trabajadores. Sin embargo estos no parecían tener ningún ánimo. Sin ganas ninguna de verse mezclados en los problemas de este hombre, todos amarraron sus anteriormente blancos y ahora sucios pañuelos y toallas al brazo en señal de derrota.
Oppel puso toda su energía en el trabajo recorriendo el recinto de un lado a otro. El perro de Oppel también se sintió lleno de energía, levantándose y ladrando lo mismo que si le hubieran metido fuego al rabo.
Al poco la tierra empezo a temblar y todo se volvió oscuro,rodeando el recinto los elefantes. Del estrepitoso y terrible ruido del grito de los elefantes se escuchó salir una dulce voz que decía:
- Tranquilízate que enseguida te sacamos.
- Gracias, que contento estoy. Gracias por venir tan pronto,dijo desde el interior de la caseta una voz.
En esto los elefantes, alrededor del recinto dieron un tremendo grito al tiempo que echaban a correr alrededor de la empalizada. Finalmente, desde dentro se empezó a ver la enfurecida trompa del elefante.
La empalizada era de cemento y, al tener mezclado hierro, incluso para los elefantes era difícil de romper. Dentro sólo se oia la voz de Oppel gritando. Los campesinos, cegados, lo unico que hacían era dar vueltas.Al poco, algunos elefantes se pusieron en escalera y ayudaron a los otros a saltar el muro. A toda velocidad iban asomando el rostro. Al ver la grisacea y arrugada cara de los paquidermos al perro de Oppel le dio un sincope. Oppel comenzó a disparar. A cada disparo contestaba un rugido de los elefantes.Sin embargo las balas no se incrustaban en la piel y si daban en los colmillos rebotaban.
-¡Qué molesto es este tipo! No hace mas que dar en la cara,dijo un elefante.
Oppel, mientras intentaba recordar donde habia escuchado aquella frase, volvió a llenar el cargador. Al poco los elefantes empezaron a saltar al interior de la mansion. De golpe, hasta cinco elefantes cayeron al interior. Oppel terminó espachurrado, pero no soltó la pistola. La puerta se abrió y los elefantes empezaron a entrar.
- ¿Dónde esta la celda?, decían mientras empujaban la caseta.
Los troncos se rompieron como si fueran cerillas y al poco salio el elefante blanco bastante enflaquecido.
- ¡Qué bien, pero qué flaco! , le decían mientras en silencio se le acercaban y le soltaban la cadena y el contrapeso.
- Gracias, de verdad, gracias por vuestra ayuda, dijo el elefante blanco con una sonrisa de tristeza.
- ¡Ah! ¡Tú,no te metas en el rio!