jueves, 22 de junio de 2017

DESCANSO

DESCANSO

El día había sido ajetreado para ambos. Por el tipo de quehaceres, era un ajetreo más mental que físico. El cansancio físico dejaba en cierto momento una sensación agradable. Los músculos hormigueaban pero la mente se encontraba relativamente tranquila. El otro, el ajetreo mental, llevaba a la rigidez del músculo y al bloqueo del ordenador mental. El primero se curaba con descanso del cuerpo, el segundo ni con eso conseguía desaparecer rápidamente.
La persona hacía un esfuerzo diario por aparecer en buen estado pero en su interior se iba acumulando un no sé qué oscuro que cuando no era ya soportable podía estallar de la peor manera.
La mujer, en ropa de noche, como pedía la temperatura de la habitación , se acurrucó al lado de su amado. Se miraban de frente. La altura de la almohada permitía que él pasara un brazo bajo su cuello y la mano podía acariciarle la espalda como se acaricia a un niño para que se relaje y se duerma.
Ella cruzaba su pierna derecha sobre el cuerpo amado, muy pegadita, y su brazo derecho a la altura del hombro. El brazo izquierdo de él le rodeaba la cintura. Las bocas, los labios quedaban a una altura adecuada para poder besarse con ternura.
    Fue un beso largo. Más que el ardor del beso hacia el otro, fue un beso en el que se concentraba todo el sentimiento de amor, de dulzura, de deseo de protección, de deseo de transfusión de sangre mútua. Ella, sus sentimientos, a través de los besos, estaba amando tiernamente a su niño. Se transmitían también a ella los de él, tan tiernos y dulces como la brisa del mar. Los besos iban eliminando el cansancio, limpiando todas las partículas del sentir, de los pensamientos negativos que por ella habían pasado aquel día.
    El trabajo, las diferentes relaciones con las personas, con compañeros y amigos, las preocupaciones externas, ante las que, por mucho que lo deseara, no podía huir, Toda la caja de negrura del corazón iba desapareciendo.
    En lo más profundo de su alma una luz de felicidad , una especie de rosado amanecer, empezó a hacerse paso. Se diría una luz celestial que invitaba a la limpieza del alma como el agua turbia se purifica depositándose los detritos en el fondo del recipiente.
    Ella, debido al cansancio, cayó más rápido en el sueño. El lo notó por su respiración acompasada, a veces sostenida rítmicamente con unos leves ronquidos, más bien gruñidos de gatita feliz.
    El la contemplaba con un sentimiento de felicidad infinito. No tardó mucho en caer también en los brazos de Morfeo, que bien pudiera llamarse Morfea......, si bien la palabra no existía. Quedó completamente dormido en brazos de ella.
    Cuando la luz del sol empezó a filtrarse por la ventana y los pajarillos, siempre alborotadores, a cantar, abrieron los ojos al mismo tiempo. ¿Estarían en el cielo?, se preguntaron al unísono. Tal era la sensación de placer que sentían después de haber dormido profundamente.
  • Buenos días, amor, dijo ella.
  • Buenos días, cielo, dijo él.
  • -¿Qué tal?
  • ¡De maravilla!
  • Hay que levantarse
  • Desgraciadamente sí.
  • ¿Queda tiempo para un beso?
  • Y para dos, pero no me excites que si no no tendremos tiempo para salir a pasear.
  • Bueno, el desayuno en la ducha.
  • ¡Hecho! Primero yo que quiero lavarme estos pelos de loca que tengo.....

    Beso largo,dulce, tierno que, a pesar de todo, levantó las pajarillas de la pasión y del deseo.
    DESAYUNO
    Lo quiero todo
    el cañón levantó
    a la caza del conejo
    el fusil salió
    Lo quiero todo
    todo se lo comió
    Cuando él entró en la ducha, a ella el agua le corría desde el punto más alto de la cabeza. Ya se enjuagaba después de lavarse el pelo.
    Entró con ella bajo la ducha. Se echó jabón para el cuerpo en la mano derecha y empezó a enjabonarla desde la base del cuello, por detrás de las orejas la friccionaba dulcemente. Un gemido se le escapó. Ya había terminado de enjuagarse el pelo. La mano derecha se escurría el cabello y con la izquierda lo buscaba a él. El se acercó a la parte izquierda de ella mientras con la mano derecha la friccionaba con el jabón.
    El también sentía que algo le subía desde las planta de los pies. Del cuello a la parte derecha del melocotón que parecía su culete la friccionaba con dulzura. El centro de la espalda era un reguero de agua cálida y de espuma mezclada con una sensación de sensualidad pocas veces conseguida. La espuma pasaba por el canalillo del melocotón. Ahí el metió la mano, limpiando. Una especie de rugido salía de la garganta de ella.
    El se pasó a la parte derecha. Esta vez no empezó en el cuello. La mano izquierda pasó al pecho y lo masajeaba con la espuma. Las caricias producían placenteros gruñidos de gatita. Le cogió la mano izquierda y se la llevó hacia la cintura y el bajo vientre. Un poco más y ya rozaba el pubis, mientras con la mano derecha la sujetaba con fuerza. Ella le acompaño la mano hasta que le rozó el clítoris. Como conocía su sensibilidad lo rozaba con la yema de los dedos. Ella sacudía la cabeza. Llevó su mano izquierda y lo agarró por su berenjena. Se agachó un poco y se abrió de piernas.
    -Entra, por favor. Hasta lo más hondo.
    Casi con la postura de un perrillo, le friccionaba la parte delantera, ella hacía como que huía lo que ayudaba a que el pene entrara hasta el fondo. .
    El se movía, ella tenía la mano derecha sobre la pared de la ducha, también lo hacía, pero con menos fuerza. Se ajustaron perfectamente y se iban intercambiando los ritmos. Ella puso las dos manos sobre la pared. Las manos de él se alzaron a los pechos, los pellizcaba levemente, especialmente las aureolas. Ella retrocedía y él entraba a su placer, sin dificultad ninguna.
    -Sigue, sigue, cariño, no te pares, eran palabras que con dificultad salían de la boca de ella. El jadeaba.
    - Que me corro, que me voy, que no aguanto más .
    Ella tiró de su cuerpo. Volvió a darle al chorro del agua que había cerrado con antelación . Le quitó la espuma a él, se despumó y se puso de rodillas frente a la picha inflamada. Se la introdujo dulcemente entre los labios hasta donde pudo. Una convulsión los recorrió. Ella quedó llena de otro tipo de espuma que le corría golosa por la fisura de los labios. El la levantó , la abrió de piernas y le introdujo la lengua hasta donde pudo.....
    Habían desayunado bajo la ducha, él conejo caliente y ella un vaso de leche de garañón cachondo.
    Se dieron el último roción de agua, se secaron el uno al otro, se vistieron y se prepararon para salir. 

lunes, 12 de junio de 2017

OPPEL Y EL ELEFANTE

OPPEL Y EL ELEFANTE

Nos habla un baquero

PRIMER DOMINGO


Con sólo escuchar el nombre de Oppel...; ¡Qué hombre! Tenía instaladas seis trilladoras de arroz que levantaban un ruido tremebundo.
Dieciseis labradores, las caras rojas como las ascuas del fuego, pisaban el pedal de las trilladoras y metían por un lado los montones de haces de arroz. El arroz salía hacia adelante y los limpios haces de paja los lanzaban hacia atrás volviendo a formar nuevos montículos de paja y arroz de donde salía flotando una especie de polvillo amarillo parecido al polvo del desierto.
Oppel, con su gran pipa de ambar en la boca, paseaba con toda parsimonia, con las manos enlazadas a la espalda, por aquel penumbroso lugar de trabajo, los ojos semicerrados y poniendo mucho cuidado en que no cayera la ceniza sobre la paja.
El recinto era bastante fuerte, del tamaño de una escuela y, sin embargo, por que será que se movía tanto, a pesar de haber seis trilladoras del nuevo tipo. A causa de eso, estando dentro, entraba mucha hambre. Aunque la verdad es que Oppel hacía que a todos les entrara la suficiente hambre como para que a veces se pudieran comer un tortillón calentito como la balleta del polvo y un bistec como la suela de un zapato.
De todas formas, el ruido era tremendo.
Entonces, nadie sabe cómo, pues... aparecio un elefante blanco. No, en absoluto era un elefante pintado. ¿Que por qué había aparecido por allí? Pues...., como era un elefante,lo mismo habia salido del bosque y, sin más, se había dirigido hacia allí.
Cuando el bicho asomó la cabeza con toda parsimonia por la puerta, los campesinos se quedaron helados. ¿Y por qué se sobresaltaron? ¡Vaya pregunta! Pues porque nunca se sabe lo que va a hacer un bicho así. Si le hubieran hecho caso, como nadie sabía lo que podia ocurrir, lo dejaron y cada uno se dedicó a su tarea con ahinco.
Sin embargo, en ese momento, desde detrás de la fila de máquinas, Oppel, con las manos en los bolsillos, miró ráuda y fijamente al elefante. Entonces, rápidamente, dirigiéndose abajo, como si no ocurriera nada, volvió a pasearse pausadamente.
Y entonces, el elefante puso una pata sobre el entarimado de la casa. Los campesinos se quedaron de piedra, pero como estaban muy ocupados y hubiera sido mucho peor hacerle caso, siguieron con su tarea de trilla.
Oppel, desde el claroscuro fondo de la casa, sacando las manos de los bolsillos, volvió a dirigir la mirada al elefante. A continuación se puso a andar de nuevo juntando las manos detrás de la base del cuello, dando a propósito un gran bostezo que parecía de autentico aburrimiento. Al tiempo, impetuoso, el elefante avanzó hacia el interior de la casa dando a entender que quería subir al entarimado.
Los campesinos se asustaron de verdad y esta vez tambien a Oppel le recorrió un escalofrio por la espalda, pero siguió con la pipa en la boca echando humo, fingiendo no hacerle caso mientras andaba a sus anchas de un lado a otro.
En esto, el elefante acabó por encaramarse en el entarimado y con toda la cara comenzó a andar delante de la maquinaria, pero como las máquinas iban a toda prisa, los cascabillos daban sobre la piel del descarado elefante como si de una tormenta de granizo se tratara.
El elefante parecía verdaderamente molesto con los golpes de las cascarillas. Entrecerró los ojos en una sonrisa que se podía descubrir observándolo bien. Oppel, decidido por fin, se plantó ante las maquinas para hablarle al elefante cuando éste le dijo con su preciosa voz de ruiseñor:
-¡Ah, esto es demasiado! El grano me da en los colmillos...
Exactamente, los cascabillos le daban en los colmillos lo mismo que en su inmaculada cara y cuello. Entonces, Oppel, poniendo toda la carne en el asador, pasándose la pipa a la mano derecha...,le dijo:
-¿Qué tal? ¿Te parese interesante todo esto?
-Sí es muy interesante, respondió el elefante con una sonrisa mientras ponia el cuerpo de medio lado.
- ¿Qué te parece si te quedaras aquí para siempre?
Los labradores, sorprendidos, suspendido el aliento, se quedaron mirando al elefante. Oppel, después de decir aquello se echó levemente a temblar. Sin embargo el elefante respondió con toda tranquilidad:
- Me parece muy bien... Me gustaría.
- ¿Sí? Entonces decidido ¿Cómo no?, añadió Oppel con su cara estrujada como el papel en una sonrisa que desbordaba alegría.
¿Qué te parece? Asi fue como Oppel convirtió al elefante en su fortuna. Y ahora míralo, ¿qué hacer? ¿ponerlo a trabajar o venderlo al circo? Hiciera lo que hiciera sus buenos dineros iba a conseguir con el.


SEGUNDO DOMINGO

iQué tipo este Oppel! Pero tampoco se quedaba atras el elefante que consiguió meter en la casa del descascarillado del arroz. Un bicho con más de veinte caballos de potencia. Primero, completamente blanco y con un marfil precioso en sus colmillos.
La piel, en su conjunto, muy fuerte y hermosa, y además un buen trabajador. Y sí añadimos lo que ganaba. En verdad que el dueño era un tipo impresionante.
- ¡0ye! ¿No necesitas un reloj?, se dirigió Oppel al elefante acercándose, pipa en mano, a la puerta de la casita de éste, mientras le observaba.
-Yo no necesito reloj, respondió el elefante con una sonrisa.
-Póntelo, es muy bueno,le iba diciendo mientras le colgaba al cuello un gran reloj de hoja de lata.
- Esta bien esto ¿verdad?, fue la respuesta del elefante.
- También necesitarás una cadena , no había terminado de decirle Oppel cuando ya había enganchado una de cien kilómetros a la rama que tenia delante.
-¡Qué buena esta cadena!, dijo el elefante dando unos pasos.
- ¿Y si te pusieras unas botas?
- Yo no me pongo eso.
- Anda, anda, póntelas. Es algo extraordinario, miraba Oppel a la cara del elefante intentando comprender lo que verdaderamente sentía, mientras por detras le colocaba unas grandes botas de cartón piedra.
- iQué bueno!, volvió a responder el elefante.
- Habrá que colocarle un adorno, decía Oppel mientras a toda prisa le colocaba por encima de las botas un contrapeso de cuatrocientos kilómetros.
-¡Maravilloso!, volvía a repetir el elefante dando unos pasos muy feliz.
Al día siguiente, tanto el reloj de hojalata como las miserables botas de cartón piedra se habían hecho añicos, quedando el elefante amarrado y andando tan contento tan sólo con su cadena y el contrapeso.
- Disculpa, pero los impuestos están muy elevados. Hoy haz el favor de acarrear un poco de agua del rio. Le dijo Oppel al elefante mientras le dirigia una mirada, las manos cruzadas a la espalda.
- Claro, traeré el agua, toda la que haga falta.
El elefante, sonriente, muy contento, pasado el mediodía había dado cincuenta viajes habiendo regado con ellos el huerto.
A la caida de la tarde, en su casilla, comiéndose unos diez haces de paja de arroz, levantaba la vista hacia el cuarto creciente.
- Ah, qué alegría esto de ganarse el sustento. Qué regocijo, pensaba el elefante.
Al día siguiente, Oppel, con un sombrero rojo, adornado con una borla, se dirigió al elefante,las manos escondidas en los bolsillos.
- Discúlpame, pero los impuestos vuelven a subir. Trae una poca de leña del bosque, por favor.
- Por supuesto, enseguida la traigo. Hoy hace un día estupendo y me gusta recorrer el bosque, respondió el elefante con una sonrisa.
Oppel se asustó un poco y estuvo a punto de caérsele la pipa de las manos, pero el elefante echó a andar enseguida alegremente por lo que se tranquilizó, se ajustó la pipa, carraspeó y se dirigió hacia donde se encontraban trabajando el resto de los campesinos.
Un poco después de mediodía ya había traido el animal, muy contento, más de novecientos haces de leña.
A primera noche, en su casita, el elefante miraba hacia la Luna mientras se comía ocho brazadas de paja.
- Ah, hoy también he trabajado mucho ¡Santa Maria!, murmuraba el animal.
Al dia siguiente:
- Perdona, los impuestos se han quintuplicado ¿Por qué no vas a la herrería a soplarle al fuego?
- Si, claro. Haciéndolo con fuerza puedo hacer volar una piedra sólo con mi respiracion.
Oppel se asustó pero se sonrió y se tranquilizó enseguida. El elefante se dirigió hacia la fragua y doblando las patas estuvo soplando el fuego mediodía en lugar del fuelle.
Esa noche, mientras se comía siete brazadas de paja, mirabala Luna en su quinto dia y comentaba:
- Ah, que cansado estoy, pero contento ¡Santa Maria!
¿Qué te parece? Y al dia siguiente, desde por la mañana, tenía que volver a trabajar. Ese día sólo se comió cinco haces de paja. iTanta fuerza con tan poca comida! ¡Parece increible!
La verdad es que el elefante era muy económico, y ello era así porque Oppel era un tipo muy inteligente... Oppel, en verdad,un gran tipo.


QUINTO DOMINGO

Oppel, eh, es lo que iba a decir, desapareció... Vamos, tranquilizate y escucha. Oppel se pasó con el elefante del que te hablaba. Como su trato era cada vez más horrible, el elefante terminó por no sonreir. A veces, poniendo ojos de dragón rojo, lo miraba fijamente, de arriba hasta abajo.
Un día, al tiempo que se comía las tres brazadas de paja que le habían dado, miraba a la Luna murmurando:
- iQué dolor! iSanta María!
Oppel, que lo oyó, empezó a tratarlo cada vez peor. Una noche, en su cuchitril, se cayó, sentándose en el suelo y mirando a la Luna, dijo:
- Ya... Adiós... iSanta María!
La Luna le pregunto delicadamente:
- ¿Eh? ¿Cómo? ¿Adiós?
- Si, adiós, ¡Santa María!
- ¿Qué tonterías dices? ¿Le has escrito por un casual a tus compañeros? , le preguntó la Luna con una sonrisa.
- No tengo papel ni pincel para escribir, respondio el elefante con una voz muy delgada y de inigualable belleza mientras las lágrimas empezaban a resbalarle por el rostro.
- Mira, esto ¿verdad? , dijo justo delante de él la voz de un niñito bellísimo.
El elefante levantó la cabeza y vio ante sí un niñito vestido de rojo que le daba papel y pluma. El elefante escribio rápidamente:

"ESTOY EN UNA SITUACION TERRIBLEMENTE MALA. VENGAN A AYUDARME TODOS"

El niñito cogió la carta y echó a andar hacia el bosque. Llegó a la montaña justo a la hora de la comida. En ese momento los elefantes de la montaña se encontraban reunidos a la sombra de un árbol sala, jugando al juego del GO y juntando sus frentes leyeron lo siguiente:

"ESTOY EN UNA SITUACION TERRIBLEMENTE MALA. VENGAN A
AYUDARME TODOS"

Los elefantes se levantaron en un suspiro, ennegrecieron de rabia y empezaron a gritar.
- iCastiguemos a Oppel! , gritó el jefe de la asamblea, a lo que los demás corearon :
-¡Vamos!
Lo mismo que una tormenta salieron del bosque y sin dejar de emitir sus característicos gruñidos, se dirigieron hacia la sabana. Parecía que se hubieran vuelto locos. Los árboles pequeños, los arbustos, todo lo que encontraban en su camino lo destruían con sus tremendas zarpas.
Lo mismo que los fuegos artificiales,asi se dispersaron los elefantes por el prado. Corrieron y corrieron hasta los difusos confines de la verde pradera, donde se encontraba la mansion de Oppel. Cuando encontraron su tejado amarillo los elefantes estallaron en un gruñido ensordecedor.
En ese mismo instante, Oppel, como era la una y media, se encontraba en plena siesta, soñando con los pajaritos.
El ruido era tan tremendo que los trabajadores de la casa salieron a la puerta y haciéndose sombra con la mano miraron a lo lejos. Parecía un bosque de paquidermos en movimiento lo que se movia más rápido que el tren. Perdido el color empezaron a gritar al dueño con todas sus fuerzas.
-¡Señor, señor! ¡Que vienen los elefantes! ¡Que vienen los elefantes!
Pero Oppel era verdaderamente inteligente. Fue abrir los ojos y entenderlo todo en un periquete.
- ¡Eh! ¿Está el elefante? ¿Está? ¿Si? Bien, ciérrenle la puerta. Rápido, ciérrensela. Rápido, traigan una tranca. Métete ahí, imbécil , ¿que haces a estas alturas intentando escapar? Aten ahí la tranca. ¿Qué crees, que te vas a escapar? Te estoy quitando la fuerza a propósito. Con eso será suficiente. Bien, traigan otros cinco o seis troncos. Les digo que no se preocupen.A ver, todo el mundo a las puertas. Cierren las puertas. Coloquen los cerrojos, atranquen, atranquen. Tranquilos, no se hundan.
Oppel había terminado ya los preparativos, y con una hermosa voz que se diría la de una tompeta, animaba a los trabajadores. Sin embargo estos no parecían tener ningún ánimo. Sin ganas ninguna de verse mezclados en los problemas de este hombre, todos amarraron sus anteriormente blancos y ahora sucios pañuelos y toallas al brazo en señal de derrota.
Oppel puso toda su energía en el trabajo recorriendo el recinto de un lado a otro. El perro de Oppel también se sintió lleno de energía, levantándose y ladrando lo mismo que si le hubieran metido fuego al rabo.
Al poco la tierra empezo a temblar y todo se volvió oscuro,rodeando el recinto los elefantes. Del estrepitoso y terrible ruido del grito de los elefantes se escuchó salir una dulce voz que decía:
- Tranquilízate que enseguida te sacamos.
- Gracias, que contento estoy. Gracias por venir tan pronto,dijo desde el interior de la caseta una voz.
En esto los elefantes, alrededor del recinto dieron un tremendo grito al tiempo que echaban a correr alrededor de la empalizada. Finalmente, desde dentro se empezó a ver la enfurecida trompa del elefante.
La empalizada era de cemento y, al tener mezclado hierro, incluso para los elefantes era difícil de romper. Dentro sólo se oia la voz de Oppel gritando. Los campesinos, cegados, lo unico que hacían era dar vueltas.Al poco, algunos elefantes se pusieron en escalera y ayudaron a los otros a saltar el muro. A toda velocidad iban asomando el rostro. Al ver la grisacea y arrugada cara de los paquidermos al perro de Oppel le dio un sincope. Oppel comenzó a disparar. A cada disparo contestaba un rugido de los elefantes.Sin embargo las balas no se incrustaban en la piel y si daban en los colmillos rebotaban.
-¡Qué molesto es este tipo! No hace mas que dar en la cara,dijo un elefante.
Oppel, mientras intentaba recordar donde habia escuchado aquella frase, volvió a llenar el cargador. Al poco los elefantes empezaron a saltar al interior de la mansion. De golpe, hasta cinco elefantes cayeron al interior. Oppel terminó espachurrado, pero no soltó la pistola. La puerta se abrió y los elefantes empezaron a entrar.
- ¿Dónde esta la celda?, decían mientras empujaban la caseta.
Los troncos se rompieron como si fueran cerillas y al poco salio el elefante blanco bastante enflaquecido.
- ¡Qué bien, pero qué flaco! , le decían mientras en silencio se le acercaban y le soltaban la cadena y el contrapeso.
- Gracias, de verdad, gracias por vuestra ayuda, dijo el elefante blanco con una sonrisa de tristeza.
- ¡Ah! ¡Tú,no te metas en el rio!


viernes, 2 de junio de 2017

CHIRI MO TSUMOREBA YAMA TO NARU (Muchos granos de arena forman una montaña)

CHIRI MO TSUMOREBA YAMA TO NARU
(Muchos granos de arena forman una montaña)

Muchas pueden ser las formas de acercarse a una cultura, incluso a la propia, que no sólo a la ajena, y una de ellas es, sin du da.estudiar o analizar los refranes de un pueblo.
Cuando hacemos un alto en el camino y pensamos un poco vemos que un proverbio o un refrán se convierte en el eco de una experiencia, la síntesis de un devenir multisecular de un individuo, de pequeños grupos o de naciones multimillonariamente pobladas.
Pensando en el proverbio que hoy me toca comentar encuentro un mundo semántico amplio por lo que deduzco que de él se pueden sacar relaciones con temas que aparentemente no tienen nada que ver. Por ejemplo, para que el polvo acumulado forme un monte ya se necesitan vientos y años, tiempo, quizás millones de años a veces.
En definitiva, para hacer algo nos es necesaria mucha paciencia y que cada cual, si nos ponemos en el plano de la colectividad, aporte su grano de arena. Es decir, si un país, familia o grupo social quiere triunfar en algún quehacer humano ha de unir sus fuerzas en esa tarea y con paciencia y una caña se llegará a la meta señalada.
Por este camino podríamos añadir aquello de que Roma no se fundo en
un dia, ni Zamora se tomó en una hora.Cada uno en su sitio aportando su labor diaria puede llegar en su momento a dar grandes resultados porque el que esperar puede alcanza lo que quiere. Sin meternos en valoraciones economico politico ideológicas qué es si no eso lo que ha hecho Japón tras el gran desastre de la Segunda Guerra Mundial.
Ahora bien, sí no deja de ser cierto que el mar comienza con una gota
tampoco deja de serlo que también se agota, o agosta, gota a gota. Esdecir, el humano tiene la tendencia a despreciar por poco importante la poca cantidad, lo de poco valor, cuando se ha montado en el tren de la abundancia y, sin darse cuenta, o dándose, pero su orgullo no Ie permite cambiar, comienza a relajarse y hacer gastos que van más allá de sus posibilidades, terminando por agotar, a base de muchos
"Un dia es un dia" lo que antes él o bien otros consiguieron, y es que DO SE SACA Y NO SE PON, PRONTO SE LE VE EL HONDON que dicen en
Castilla. Muchos granos de arena, mucho barro acumulado, con el tiempo, llegan a formar montes que, con el paso de los siglos y el trasiego de los hombres acaban convirtiéndose en un desolado y triste terreno llano: JINSEKI SHIGEKEREBA YAMA MO KUBOMU. En una palabra, que si el poco gasto de uno no supone mucho, los muchos pocos de gran cantidad de individuos, sin aportación de ninguna clase, a la larga,pueden suponer un montante cuantioso. Analícense si no esos grandes despilfarros, me remito a la Historia, hispanos en tiempos en que España se creyó dueña del mundo. ¿Qué perdió a España sino el gasto suntuario creyendo que el tesoro americano iba a ser inagotable? ¿Y qué va a perdernos, pobres humanos, sino ese derroche ecológico que estamos haciendo sistematicamente de nuestro planeta sin posibilidades de renovacion, derroche que, en realidad no aprovecha más que a unos pocos mientras los demás se mueren de hambre? Mucho tenemos ahora, ¿qué nos quedará para mañana? DIAS DE MUCHO, VISPERA DE NADA, dice el dicho.
Como pueden comprobar este refrán se desparrama en sus campos semanticos cual si de aceite se tratara.
Cuando escribo estas líneas escucho por alguna parte el agradable canto de un grillo y me acuerdo de la famosa fabula esópica de la cigarra y la hormiga. Evidentemente, ese granito que aportabala hormiga no era nada o casi nada, pero todo el verano trabajando daba como resultado llegar al invierno con la despensa llena y la juguetona y perezosa cigarra se moría de hambre por haber tirado,desperdiciado su tiempo en fiestas y cantos veraniegos.
Ciertamente, UN GRANO NO HACE GRANERO, PERO AYUDA AL COMPANERO, y una gota de agua no es nada,pero muchas gotas forman un rio y este va al mar y nos duchamos con muchas gotas de agua... En definitiva MUCHOS POCOS HACEN UN MUCHO.
También, como tantas otras personas, me dedico a la enseñanza y cultivo de lo hispánico en la medida que se y puedo y retomando nuestro proverbio me he dado cuenta que AMADARE ISHI 0 UGATSU, o sea que CONTINUA GOTERA HORADA LA PIEDRA. (Según he oido en antiguos tiempos una forma de tortura consistía en hacer caer sobre la cabeza del reo una continua gota de agua) Evidentemente estudiar un idioma foráneo es una empresa árdua y difícil, pero , si como la gota, persistimos y persistimos, algun día lograremos horadar los secretos internos de ese idioma.
Es necesario, y volvemos al principio, perseverancia, paciencia, tiempo y concentración de energías en uno o dos puntos, y asi, al final, lo lograremos.
Mucho me temo que este sea un refrán, como tantos otros, que en este tiempo nuestro de velocidad y prisas y de querer abarcar y hacer mucho no tenga mucha efectividad. Hemos perdido la paciencia,el tiempo nos apremia, tenemos que abarcar mucho, lo que da un conocimiento en superficialidad, no en profundidad, de las cosas:
EL QUE MUCHO ABARCA POCO APRIETA. Sin pretensiones críticas, pero que sí creo necesario reseñar, es la comprobación del fenómeno que se daentre los estudiantes de idiomas. Se ha perdido la paciencia y muchas personas terminan pensando que conocer una lengua es un pasaje rapido por la superficie y por la forma, que conocer otra cultura,otro pais, es ver una pelicula o un viaje de diez días y san se acabo, para terminar realmente corriendo como las liebres pero perdiendo al final en su lucha contra la tortuga.
La cultura tradicional de Japón se diversifica en muchos DO o CAMINOS por los que la persona que los cogía se hacía mayor, crecia internamente, sin objetivo especifico concreto, dígase Judo, Sado, Kado, Kendo etc... El objetivo ganar está destruyendo esta cultura.Y hablamos de Japón porque estamos y escribimos aquí, pero creo que la opinión se puede hacer extensible a otros lugares de nuestro planeta.
ESCALON A ESCALON SE SUBE LA ESCALERA, PIEDRA SOBRE PIEDRA
A LAS NUBES LLEGA, decían los antiguos. Nosotros, con nuestra prisa hemos inventado el ascensor para llegar antes a la sexta planta o el cohete para ir a las nubes o más allá. La cuestion es saber si eso nos hará adultos y mas felices.
Y ya resumiendo, que el espacio apremia, un refrán que me dice que el tiempo, la paciencia, el no despreciar lo de poco valor,la concentración de energía, la ayuda mutua, el no dormirse en la holganza en definitiva, son elementos imprescindibles para conseguir un objetivo. El problema sería saber si el objetivo merece o no la pena....



lunes, 22 de mayo de 2017

EL TELEFONO

Leía un libro, una novela, situada la acción en su tierra natal hacía ya bastante tiempo. Era interesante, incluso emocionante. Miró el reloj, las 6:15 de la tarde. Ah, dentro de quince minutos me llamará. Cerró el libro. Quiso volver a abrirlo. No pudo, había empezado ese estado tan conocido de nerviosismo casi incontrolable. Había aún gente en la sala. Estaban preparándose para marcharse pero no acababan de marcharse. Los nervios se le agarraban al estómago haciendo que éste rugiera. Había como una inesperada fabricación de gases en el estómago. Gases que luchaban por salir pero que en la mente eran controlados por la buena educación. No era cuestión de orquestar sus interioridades sin más ni más.
Por fin la gente empezó a marcharse. Fue escuchar cerrarse la puerta y una orquesta trombónica parecía desatarse en un interior.
Faltaban diez minutos y aún el estómago no se había serenado. Poco a poco se fue descargando de tan ingrata compañía. Cuando eso ya había sucedido se dio cuenta de que le temblaban las manos. A su edad y parecía un chiquilín recién enamorado que no sabía como comportarse delante de una chica. La verdad es que nunca había sabido. Desde pequeño lo que oía sobre cómo debía ser el hombre, el macho frente a la hembra, no lo entendía y, cuando lo entendió, simplemente le repugnaba. Por otra parte veía que muchas veces su, no sabía como llamarlo, intento de ser dulce, de ser amable, tampoco era bien entendido por las chicas. Era, había sido, su vida en ese terreno pura confusión, puro complejo. Lo mismo él había gustado a muchas chicas y no se había enterado . A veces era muy agudo, otras de lo más romo que podía echarse a la cara. La relación con la mujer en general, le había supuesto un verdadero calvario.
Pero ahora no. Aunque poco, antes del teléfono era puro nervio y pura tensión. Una vez éste sonara, una tenue tranquilidad se le venía encima. Ni él mismo se entendía.
Aún no podía comprender cómo en tan poquísimo tiempo habían podido llegar en todos o en casi todos los aspectos a tan alto grado de intimidad. Al menos por su parte, dadas las excepcionales circunstancias de su relación, lo único que podía sostener ese sentimiento hacia ella era la sinceridad y era sincero hasta el dolor, como una vez le dijera.
A veces hubiera querido decir groserías, gritar lo que de dolor llevaba dentro , pero consideraba que no tenía sentido. Había que canalizar esos sentimientos haciéndolos positivos, efectivos y en el menor tiempo y espacio posibles. No se podía decir todo, tal vez no se debía decir todo, pero se iba llevando a efecto, claramente era un proyecto a largo plazo en el que se tendrían que desbrozar demasiadas cosas.
No tenían quince ni veinte años,pero la pasión los había desbordado. Al menos para él era como recuperar un tiempo no vivido. A pesar de las dificultades, de la locura de vivir de tal manera, se sentía vivir.
¿Había amado? ¿Había sido amado? Comparándolo con lo que sentía en estos momentos, definitivamente , no.
Se podría decir que había sido una serie de vivencias desperdiciadas, pero no, veía que había sido un tiempo largo, penoso, duro, terrible, pero tiempo de preparación para vivir la dulzura, la alegría, el calor de la mujer que lo amaba, que, no lo acababa de entender, se había colado por él hasta la médula.
¿Qué había pasado? ¿Qué sentía él hacia ella? Como dicen las novelas televisivas, dulce veneno que se mete en la sangre sin darse cuenta y que ya no puede salir.
Pero aunque no podía tocarla, palparla, abrazarla, manosearla, poniéndose un poco fuera de orden, la sentía ahí pegada a su piel y la sentía con una seguridad , con un sentimiento nunca sentido hasta ahora.
En una conversación “normal” era una locura hablar de reencuentro tras muchas vidas, no ya tras muchos años. El universo de la mente, del corazón encerrado en la estrecha
caja de la vida, había abierto una ventana hacia la luz, había dejado ver que eran almas gemelas que se habían amado y que se volvían a encontrar para volverse a amar aunque de manera tan peculiar.
Dentro de un momento sonaría el teléfono. ¿Qué decir, qué hablar, quién llevaría la voz cantante? Era una comprobación de que seguían vivos, de que la palabra escrita era verdad.
¡Cómo se hubiera colado por la línea y aparecido en el otro extremo! Hubiera empezado por besarla de tal manera que casi hubiera llegado a asfixiarla.
Sonó el teléfono y toda la tensión desapareció. ¿Cuál fue la conversación? Como suele ocurrir, un diálogo confirmativo de lo tantas veces dicho a través de la escritura. Pero lo importante no era el contenido del diálogo, la palabra, la voz, dulce , corriente de los sentimientos, les iba llenando del otro mútuamente.
Por palabra se diría un hombre y una mujer en plana madurez sexual en la que ambos se iban sintiendo llenos. Un te siento dentro de mí, un gracias por el placer que me das, un me voy hacia la cumbre del éxtasis. Gracias amor por estos instantes tan irrepetibles.
Cuando esa tensión de la palabra había llegado al culmen, el vacío mental se hacía, se habían vaciado, fundido cual chocolate uno en el otro.
Con fruición se habían devorado, con pasión se habían absorbido mútuamente. Sólo quedaba el descanso y el silencio, y un gracias por estos instantes que quedarán grabados en nuestras almas por la eternidad de los siglos.

La tensión, el temblar de piernas habían desaparecido. Eran dos personas maduras planamente abrazadas, fundidas en medio del universo y rodeadas de estrellas. 

viernes, 12 de mayo de 2017

GOSHU,EL VIOLONCHELISTA

Goshu era el encargado de tocar el chelo en las películas mudas que ponían en el cine de la ciudad. Desgraciadamente,todo el mundo pensaba que no tocaba muy bien. No sólo no tocaba muy bien, en verdad, entre sus compañeros de orquesta, era el que peor tocaba, por lo que el director siempre lo trataba poco amablemente.
Después del mediodia todos los componentes de la orquesta estaban reunidos en la sala de ensayos, puestos en círculo, ensayando la Sexta Sinfonía para el próximo concierto que darían en la ciudad.
La trompeta cantaba enérgicamente, a lo que ayudaba el clarinete con su característico sonido. También sonaba el violín con la fluidez del viento.
Goshu tocaba con todas sus ganas, apretados los labios mirando a las partituras con los ojos como platos.
De pronto el director dio una palmada. Todos pararon de tocar al instante,tras lo cual el director vociferó:
- El chelo va retrasado. To..tete,tetete... Repitan desde aquí... Vamos...
Todo el mundo volvió a tocar desde un punto antes del lugar indicado. Goshu, el rostro rojo como una manzana y la frente bañada en sudor, por fin, pudo enmendar desde donde le habían dicho.Ya más tranquilo, siguió tocando hasta que el director volvió a palmotear.
-iChelo! Las cuerdas no están afinadas. iQue yo no tengo tiempo para ponerme a explicarte el Doremí a estas alturas,¿te enteras?
Muy apenados,todo el mundo se dedicaba entretanto a mirar hacia sus partituras y a puntear sus instrumentos. Goshu, rápidamente afinó las cuerdas del chelo. La verdad es que, si Goshu era bastante malo,
su chelo era peor.
- De nuevo desde los acordes anteriores.
Todo el mundo empezó de nuevo. Goshu tocó esta vez con todas sus ganas torciendo la boca, y esta vez sí consiguió ir bastante bien. Cuando todo parecía ir perfectamente, el director volvió a dar una palmada de forma amenazante. A Goshu se le volvió a encoger el corazón, pero afortunadamente, esta vez se trataba de otra persona. Goshu,lo mismo que los demás habían hecho cuando el se equivocó , se puso a mirar de cerca su partitura haciendo como que pensaba en algo.
- Rápidamente, desde aquí. Vamos.
No habian empezado a tocar cuando el director paró, esta vez dando un zapatazo en el suelo.
- No, no y no. Esto no marcha en absoluto. Esta parte es el corazón de la obra y henos aquí tocando con esos chirridos. Señores,no nos quedan nada más que diez días para el concierto. Nosotros somos profesionales de la música, si perdiéramos ante un grupo de aficionados como el del herrero o el del mozo de la tienda de azúcar, ¿con qué cara nos íbamos a presentar después ante el público? Oye, Goshu,tú eres un auténtico problema. No tienes expresión ninguna. No sabes expresar en absoluto ni la cólera ni la alegría.Además, pareces incapaz de seguir a los demás instrumentos. Parece como si siempre tuvieras que pararte a abrocharte los zapatos cuando andas con los demás. Como no te enmiendes va a ser un desastre. ¿Comprendes? Sería una verdadera desgracia para todos que nuestra gloriosa Orquesta Venus cayera en mala reputación por causa tuya. Bien, dejemos el ensayo por hoy. Descansen y estén en sus puestos mañana a las seis.
Los componentes de la orquesta,tras despedirse con una leve inclinación de cabeza, fumaron o se fueron de la sala...
Goshu,llevando bajo el brazo su pobre instrumento, más parecido a una caja que a un chelo, se dirigió hacia la pared con la cara fruncida y llorando. Una vez se repuso, él solo, empezo de nuevo suavemente a ensayar todo lo que habían hecho hasta ese momento.
Esa noche, ya tarde, Goshu volvió a casa llevando un bulto grande suspendido a la espalda. Su casa en realidad era una vieja y rota noria en una de las riberas del río, a la salida de la ciudad. Allí vivía solo. Durante el dia se dedicaba a cortar las ramas de los tomates, a quitarle los insectos a las coles y, una vez pasado el mediodía, salía a la calle.
Goshu entró en su casa y abrió el paquete que llevaba a la espalda. No se trataba de nada especial. Era aquel desafinado chelo de la tarde. Tras ponerlo suavemente en el suelo cogio rápidamente un vaso de la repisa y empezó a beber agua de un cubo. Poco después, sacudiendo la cabeza, se sentó en una silla y,lo mismo que si de un tigre se tratara, se puso a tocar las partituras de la tarde.
Miraba las partituras,tocaba y pensaba. Después de pensar volvia a tocar. Cuando llegaba al final volvía a empezar una y otra vez.
Pasada ya la media noche, finalmente, él mismo no sabia si tocaba o no . Tenia el rostro rojo como la sangre,los ojos le daban vueltas sin descanso, dándole un aspecto terrible, pareciendo que de un momento a otro se iba a derrumbar. En ese momento, alguien toco a la puerta trasera de la casa.
-¿Hoshu? - gritó desfallecidamente. Sin embargo,lo que entró muy despacio fue un gato de piel estampada que ya habia visto varias veces por allí.
El gato puso delante de Goshu, con mucho esfuerzo, un pesado tomate a medio madurar, que había cogido del mismo tomatal de Goshu.
-¡Ah, qué cansado estoy! Esto del acarreo es un trabajo muy pesado.
- ¿Qué dices? -,le preguntó Goshu.
- Esto es un presente.Cómaselo, por favor-,respondio el gato.
Goshu, de un solo golpe, soltó toda la rabia que había acumulado durante el día.
- ¿Quién diablos te ha dicho que me traigas tomates?¿Piensas que me voy a comer lo que me traigas? Además, ese tomate es de mi huerta. ¿Qué es esto? Además coges los que no estan maduros. Tú has sido el que me has mordido y destrozado las plantas hasta ahora ¿Verdad? Vete de mi vista, gato asqueroso.
El gato se encogió de hombros, cerró los ojos y empezó
a mauyar en una leve sonrisa,
- Maestro, no se enfade tanto que no es bueno para el cuerpo. En lugar de enfadarse lo que puede hacer es tocar Trumerai,de Schumann,le escucho.
- No digas estupideces, gato cochambroso...
El violonchelista, ofendido por la insolencia del gato,estuvo pensando cómo hacérselas pagar todas juntas.
- Por favor, no sea tímido. Toque, por favor. La verdad es que si antes de acostarme no le escucho tocar no puedo concebir el sueño.
-iEstupideces!iEstupideces!¡Sólo estupideces!- ,grito Goshu coloradísimo, al modo como lo hiciera el director durante el día, pegando zapatazos en el suelo. Entonces, cambiando de humor, dijo de pronto:
- Bien,toquemos.
¿Qué habia pensado? Cerró la puerta con llave,también entornó las ventanas y, sacando el chelo, apagó la luz. La luz de la Luna iluminaba media habitacion.
-¿Qué quieres que toque?
-Tromerai, de Schumann - dijo el gato limpiándose la boca.
-Tromerai, por supuesto. Eso se toca así. ¿verdad? - dijo,sacando primero su propio pañuelo y metiéndoselo en los oidos. Entonces empezó a tocar "La Caza de Tigres en la India" como si toda la energía de una tormenta saliera de sus manos. A lo que el gato,tras escuchar unos instantes dubitativo, empezó a abrir y a cerrar los ojos aceleradamente, dando un gran salto hacia la puerta. Chocó estrepitosamente contra ésta que, evidentemente, no se abrió. El gato comprendió que había cometido el error de su vida, empezando a salirle chispas de ojos y frente. Al poco también le salían de los bigotes y de la nariz, provocándole todo ello muchas cosquillas y ganas de estornudar, en cuya pose estuvo un buen rato. Viendo que no podría estar mucho rato así empezó a caminar. Goshu, muy divertido con todo aquello,tocaba con todas sus fuerzas.
-Maestro, ya es suficiente. Ya está bien. Se lo ruego,pare ya. Le prometo no volver a hacerlo otra vez.
-¡Cállate! A partir de aquí es cuando cazan al tigre.
El gato saltaba, se retorcía y arrastraba contra la pared tras lo que, durante unos instantes, parecía desprender un color fosforescente. Al final,lo mismo que si fuese un molino de viento,empezó a dar vueltas alrededor de Goshu, el cual,tras observarlo girar durante un rato, dijo:
- Ya está bien. Estás perdonado - dejando de tocar, a lo que el gato replicó con frescura:
- Maestro, esta noche no ha estado muy acertado en el concierto, ¿no cree?
El violonchelista, ofendido por tanta insolencia, como si no hubiera pasado nada, sacó un puro, se lo puso en la boca y después cogió una cerilla.
-¿Cómo andas? ¿Estás bien? Saca la lengua.
El gato, creyendo que se podría burlar de él, así lo hizo.
- Ah, un poco aspera - dijo Goshu y,rapidamente, encendió la cerilla en ella acercándosela al puro.
El gato, sorprendidísimo, dando vueltas a la lengua, lo mismo que si de las aspas de un molino se tratara, salió corriendo hacia la puerta,le pegó un cabezazo y, mareado, volvió hacia atrás,de nuevo cabeceó la puerta, volvió... buscando así la forma de huir de la habitación. Goshu lo estuvo observando un rato divertidamente.
- Te dejaré salir, y no vuelvas a aparecer por aquí, so estúpido.
El chelista le abrió la puerta y vio, con una sonrisa en los labios, como el gato huía como el viento hacia los juncales.Tras todo aquel ajetreo, por fin, se puede decir que durmió plácidamente.
La noche siguiente Goshu volvió de nuevo a casa cargado del negro paquete que contenía su chelo. Después de pegarse un hartazón de agua,lo mismo que la noche anterior, empezó a tocar el instrumento. Tocó una hora, dos horas... Dieron las doce, dio la una, pero Goshu, impertérrito, seguía tocando el chelo. En ese estado, no sabiendo ya que hora era ni qué tocaba, alguien llamó a la puerta del cobertizo.
-¿Gato, eres tú? -, gritó cuando de pronto se oyó un ruido procedente del techo, cayendo en medio de la habitación un pájaro de color grisáceo. Goshu lo miró allí de pie, se trataba del cuclillo.
-¡Hasta los pájaros! ¿Qué quieres tú?
-Quiero estudiar música-, respondió el cuco con aspecto repipi, a lo que Goshu, sonriendo, preguntó:
-¿Música? Tu canto no dice nada más que “Cucu, cucu..” ¿verdad?
-Eso es, pero resulta muy difícil-, respondió muy serio el pájaro.
-¡Qué dificil, ni qué difícil! Cuando cantáis mucho rato resulta espantoso oiros, pero ¿qué dificultad tiene eso para vosotros?
-De verdad que es terrible. Por ejemplo, cuando cantamos Cú...cu, y cuando hacemos Cú..cu, si se escucha atentamente es bastante diferente.
-No tiene un ápice de diferencia. Se oye exactamente lo mismo.
-Entonces es que no entiende. Nosotros, diez mil veces que oigamos Cúcu, diez mil veces que oimos un sonido diferente.
-Como quieras, pero si eres capaz de hacer tan clara distinción no sé cómo te atreves a molestarme.
-Porque yo quiero aprender la escala musical correctamente.
-¿Y qué te importa a ti la escala?
-Sí, antes de ir al extranjero, necesito estudiar bien, al menos por una vez.
-¿Y tú qué tienes que ver con el extranjero?
-Maestro, por favor, enséñeme la escala. Yo le sigo cantando.
-Eres un latoso, ¿lo sabías? Tres veces te la toco y no más. Cuando termine ya te está marchando sin volver la vista atrás.
Goshu cogió el chelo, afinó las roncas cuerdas y tocó el Doremí, a lo que el cuco, precipitadamente empezó a agitar las alas.
-No, no , no es eso lo que yo quiero hacer.
-¡Latoso! Entonces hazlo tú.
-Es así-, explicó el pájaro, doblando el cuerpo hacia adelante y manteniéndolo un rato en esa postura, tras los que cantó: Cúcu...
-¿Qué es eso? ¿El Doremí? En ese caso, para vosotros, los cucos, la escala y la Sexta Sinfonía viene a ser la misma cosa.
-No se trata de eso.
-¿En qué se diferencia?
-Lo difícil es cantar lo mismo de manera sostenida.
-Supongo que es esto lo que quieres decir-, replicó Goshu, y cogiendo el chelo tocó una infinidad de cucú seguidos, ante lo que el pájaro, muy contento, empezó también a entonar su Cúcu...Cúcu..., apasionadamente, con el cuerpo arqueado siguiendo al instrumento. A Goshu empezó a dolerle la mano.
- Ya está bien, repórtate-, le gritó, dejando de tocar. El cuco, con cara de pena, levantó los ojos y siguió cantando hasta que se paró con sus últimos Cúcu...Cú..cu......Cú....cu. Goshu, muy enfadado, les espetó:
-Vamos, para ya. Ya he terminado, así que véte.
-Por favor, se lo ruego. Toque una vez más. Es usted muy bueno, aunque es un poco distinto de como lo hace.
-¿Cómo te atreves? Tú no me estás enseñando nada. Véte de aquí.
-¡Por favor, sólo una vez..., por favor-, rogaba el cuco una y otra vez inclinando la cabeza ante Goshu.
-De acuerdo. Esta es la última-. Preparó el arco mientras el cuco, al respirar hizo Cú...
-Si es posible, toque largo, por favor-, volvió a rogar el cuco al tiempo que volvía a hacer una inclinación de cabeza.
-¡Qué pesado!-, susurró Goshu, mientras con una sonrísa amarga en los labios empezaba a tocar, a lo que el cuco, muy concentrado, arqueó el cuerpo y empezó a cantar enérgicamente.
Al principio Goshu estaba muy enfadado, pero al cabo de tocar un buen rato empezó a sentir que era el pájaro el que realmente llevaba bien la escala. Verdaderamente, al paso que tocaba, le iba pareciendo que era el pájaro el que lo hacía bien.
-Si sigues haciendo una estupidez como esta te vas a convertir en pájaro-, se dijo a sí mismo Goshu, dejando al instante de tocar. Al mismo tiempo el cuco, lo mismo que si lo hubieran golpeado en la cabeza, se balanceaba aturdido, lanzando sus últimos cucús y terminó parándose. Entonces, mirando a Goshu le dijo:
-¿Por qué para? Nosotros, hasta el más pusilanime, no dejaríamos de cantar hasta que nos saliera sangre por la garganta.
-¿Qué dices, impertinente? ¿Qué crees, que puedo estar siempre haciendo tamaña tontería? Véte ya, ¿no ves que está amaneciendo-, le replicó, señalándole la ventana.
Desde el este empezaba a platearse el firmamento, yéndose las negras nubes hacia el norte, a toda velocidad.
-Entonces, por favor, otra vez hasta que salga el Sol. Ya falta poco-, volvió a inclinarse el cuco ante Goshu.
-Cállate insolente... Pájaro asqueroso, como no te vayas pronto te desplumo y te zampo en el desayuno-, le replicó Goshu al tiempo que daba un zapatazo en el suelo.
El cuco pareció asustarse y se avalanzó a toda prisa hacia la ventana. Se pegó fuertemente contra el cristal de la ventana y cayó pesadamente al suelo.
-¿Qué haces lanzándote contra el cristal? ¡Sí que eres tonto!
Goshu se dirigió rápidamente a abrir la ventana, pero aquello no era una ventana que se abriera tan rápido. Mientras Goshu movía el marco de la ventana para abrirla, el cuco volvió a lanzarse contra ella y a caer de nuevo al suelo. Lo miró y vió como del pico le salía un poco de sangre.
-Enseguida te abro, espera un poco-. No había abierto diez centímetros la ventana cuando el pájaro se levantó y mirando hacia el este se lanzó hacia la ventana con toda la fuerza que le quedaba, como si fuera lo único que le importara. Por supuesto, esta vez el porrazo fue aún más terrible, quedándose un buen rato tirado en el suelo sin moverse. Goshu pensó cogerlo en la mano y lanzarlo por la puerta a la calle, pero el cuco abrió los ojos y huyó de él, amagando de nuevo con lanzarse hacia la ventana. Goshu, sin pensarlo dos veces le pegó una patada a la ventana, de la que se rompieron dos o tres cristales cayendo hacia afuera, con un ruido estrepitoso, marco incluido. A través del vacío de la ventana, el cuco se lanzó como una flecha hacia fuera. Voló y voló todo recto hasta que terminó desapareciendo de la vista.
Goshu se quedó un buen rato con la boca abierta del asombro tirándose tal y como estaba en un rincón de la habitación, quedándose dormido.
La noche siguiente también estuvo tocando el chelo hasta muy adentrada la madrugada. Cansado ya, se estaba tomando un vaso de agua cuando, lo mismo que las noches anteriores, alguien llamó a la puerta suavemente.
Esa noche, viniese lo que viniese, pensaba asustarlo y salir tras él desde el principio. Estaba preparado con el vaso en la mano cuando se entreabrió la puerta y entró un tejoncito. Entonces, Goshu, entreabriendo un poco más la puerta y pegando un zapatazo en el suelo, gritó:
-Tú, tejón, ¿sabes qué es la sopa de tejón?-. Este, con su aspecto un tanto ausente, se sentó correctamente en el suelo y, como no entendiendo muy bien, dobló la cabeza a un lado con cara de estar pensando, tras lo cual respondió con una voz apocada:
-Yo no sé lo que es la sopa de tejón.
Goshu, al mirarlo a la cara estuvo a punto de echarse a reir, pero esforzándose en poner expresión terrible, le dijo finalmente:
-Pues entonces te lo voy a explicar. La sopa de tejón es una cosa en la que se mezcla un tejón como tú con col y sal, después se cuece lentamente para que se lo coma una persona como yo-, a lo que el tejón respondió bastante extrañado.
-Pero mi madre me ha dicho que eres una persona muy buena y muy amable y que venga a estudiar contigo-. Goshu finalmente terminó riéndose.
-¿Qué te ha dicho que aprendas? Yo estoy muy ocupado, y además tengo mucho sueño.
El tejoncito, como si hubiera tomado confianza en sí mismo, adelantó un paso.
-Yo soy el encargado de tocar el tambor. Me dijo que aprendiera a tocarlo acompañado del violonchelo.
-Pero aquí no hay ningún tambor en ningún sitio.
-Mira, aquí está-, respondió el tejón sacándose de la espalda dos palillos.
-¿Y qué haces con eso?
-Toca “El feliz cochero”, por favor.
-¿Qué es eso? ¿Jazz?
-Así es, aquí están las partituras-, dijo el tejón sacándose de la espalda la partitura en esta ocasión. Goshu la cogió y se sonrió.
-Sí que es una obra extraña. Bien, toquemos-. Goshu se preguntaba qué era lo que iba a hacer el tejón, por lo que, echándole una ojeada de vez en cuando, empezó a tocar.
-¿Tú tocas el tambor?
El tejón cogió los palillos y empezó a tocar en la parte baja del chelo. Lo hacía bastante bien, por lo que también Goshu se estuvo divirtiendo al tiempo que tocaba.
Tocaron hasta el final, tras lo que el tejón, moviendo la cabeza dubitativamente, parecía haber llegado a una conclusión.
-Goshu, parece que la segunda cuerda se retrasa al tocarla, ¿no? Tengo la impresión de quedarme siempre colgado.
Goshu se sorprendió al escuchar aquello. Ciertamente él también se había dado cuenta de que por muy rápido que tocara las cuerdas no producían ningún sonido hasta pasado un rato. Goshu, muy entristecido,comentó:
-Lo que ocurre es que este violonchelo es bastante malo -. Entonces el tejoncito, tras volver a pensar un rato con aire penoso, le dijo:
-¿Dónde fallará? ¿Te importa volver a tocar una vez más?
-¡Por supuesto que quiero tocar!-, dijo Goshu volviendo a hacerlo.
El tejoncito volvió a golpear el chelo con los palillos y aunque de vez en cuando meneaba la cabeza en señal de duda, procuraba pegar el oido. Al final, una vez terminado, por el este, como la noche anterior, volvía a aclarar el día.
-Ah, ya viene el día. Muchísimas gracias.
El tejón, rápidamente, se echó a la espalda la partitura y los palillos, sujetándolos con cinta aislante. A toda prisa saludó varias veces y se fue.
Goshu, con una vaga expresión en el rostro, estuvo respirando el aire que entraba por la rota ventana de la noche anterior y se fue rápidamente a la cama para recuperarse antes de volver a salir a la calle.
La noche siguiente también la pasó Goshu en blanco tocando su instrumento. Cerca ya de la madrugada, estaba muy cansado y cuando se encontraba medio adormilado con las partituras en la mano, alguien, de nuevo, volvía a llamar a la puerta. Tocaron tan despacio que realmente resultaría difícil de dilucidar si habían llamado o no, pero como se trataba de una cosa ya corriente, Goshu, oyéndolo, mandó entrar al que llamaba.
Por la rendija de la puerta entró un ratón de campo que, llevando consigo un niñito muy pequeño, se acercó hasta donde estaba Goshu que, al verlo acompañado del hijo, no más grande que una goma de borrar, se echó a reir. El ratón, muy preocupado, acompañó al niñito hasta delante de Goshu y puso delante de él una castaña aún verde, saludando con una inclinación varias veces seguidas.
-Maestro, a este niño le duele tanto el estómago que parece que se va a morir. Por favor, se lo ruego, cúremelo.
-¿Pretendes que haga de médico?-, preguntó Goshu con el gesto fruncido. La mamá ratón, bajando la cabeza, estuvo callada un rato y después soltó, tal como pensaba:
-Maestro, por favor, no mienta. ¿No está usted curando estupendamente de sus enfermedades a todo el mundo por la noche?
-¿Qué dices, no entiendo una patata?
-Pero maestro, ha curado usted a la abuela del señor conejo, al padre del tejón, a la desagradable lechuza y ahora se niega a curar a mi hijito. No tiene usted compasión.
-Oye, oye, debes estar en un error, porque yo no he curado a la lechuza de ninguna enfermedad. Además el tejoncito vino anoche sólo para ensayar la música de las partituras.¡Habrase visto!
Goshu, un tanto boquiabierto, fijó la mirada en el ratón y se sonrió. La madre del ratoncillo empezó a llorar.
-En verdad que si se tenía que haber puesto enfermo, se debería haber puesto antes. Estuvo tocando hasta el momento justo de caer malo, parándose cuando le asaltó la enfermedad. Y ahora por mucho que se lo ruegue no vuelve a tocar, lo que demuestra es lo desgraciado que es mi hijo.
-¿Qué quieres decir? ¿Que cuando yo toco la lechuza y el conejo se curan? ¿Qué significa eso? -. El ratoncillo respondió restregándose los ojos:
-Eso es. Todos los animalitos, cuando se enferman, se meten debajo del entarimado de su casa y se curan.
-¿Y se curan de verdad?
-Sí, la circulación de la sangre mejora y hay algunos que se curan rápidamente de manera muy agradable, y otros que se curan cuando llegan a casa.
-Ah, comprendo. Cuando yo toco el chelo es como si el sonido del chelo os hiciera un masaje y os curara de vuestras enfermedades. Entiendo, enseguida todo.
Goshu juntó la cuerdas del chelo y cogiendo al ratoncito lo metió dentro a través de la boca del mismo.
-Yo voy también. Es algo que hacen en todos los hospitales-, dijo la madre ratón que, como loca, se lanzó hacia dentro del chelo.
-¿Tú también quieres entrar?-. Goshu intentó meter a la madre por debajo de las cuerdas, pero no entraba más que la cabeza. La madre, agitando las patas, le gritó a su hijo:
-¿Estás bien? ¿Has caido como siempre te he explicado, con los pies juntos?
-Muy bien, he caido muy bien-, respondió el hijito desde el fondo del chelo con una voz parecida a la de un mosquito.
-No existe ningún problema-, dijo Goshu cogiendo a la madre ratón y poniéndola en el suelo. Después tensó el arco y tocó una conocida rapsodia.
La madre, con aspecto preocupado, escuchaba atentamente la melodía del chelo hasta que, no pudiendo aguantar más, gritó:
-Ya está bien, por favor, sáquelo ya.
-¿Sólo este poquito?
Goshu puso el chelo bocabajo y colocó la mano debajo de la boca del mismo, esperando. Al poco salía el ratoncito que, con los ojos cerrados, temblaba contínuamente. Goshu, en silencio, lo bajó al suelo.
-¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien?-. El ratoncito estuvo un rato en silencio con los ojos cerrados y temblando. De pronto se levantó y echó a correr.
-Ah, ya está mejor. Muchas gracias, muchísimas gracias. La madre también echó a correr y, al poco, trayéndolo ante Goshu, estuvo dándole las gracias por un buen espacio de tiempo haciendo contínuas flexiones de cabeza. Goshu se sintió bastante apenado y les preguntó:
-¿Coméis pan?-, a lo que los ratones, como asustados, después de mirar inquietos a un lado y a otro, dijeron:
-No. Hemos oido que es una cosa esponjosa y muy buena que se hace mezclando agua y harina de trigo, amasándolo después. En el caso de que no fuera tampoco así, nosotros no hemos venido a cogerlo a las repisas. Además, ¿cómo es posible que después de haber sido tan bien tratados nos llevemos también el pan?
-No, no es eso. Lo único que he preguntado es que si queréis comer pan. Entonces es que coméis. Un momento que le doy al enfermito.
Goshu colocó el chelo en el suelo y cortó un pedazo del pan de la estantería poniéndolo delante de los ratones. La madre, loca de alegría, llorando, riendo, inclinando la cabeza, metiéndose el pan entre los dientes con mucho cuidado, haciendo salir delante al hijo, salió de casa.
-Ah...Sí que cansa hablar con los ratones....-. Goshu se cayó de un golpe sobre la cama y rápidamente se quedó profundamente dormido.
Seis noches más tarde, todos los componentes de la Orquesta Venus habían vuelto, uno tras otro, cada uno con su instrumento en las manos, de la sala de conciertos al camerino que había detrás del hall del teatro del pueblo.
En la sala de espectáculos todavía sonaban los aplausos, como si de una tormenta se tratara. El director se metió las manos en los bolsillos como si no le importasen en absoluto los aplausos, dando una vuelta por entre los miembros de la orquesta.
La verdad es que estaba muy contento. Los miembros de la orquesta cogían el tabaco, encendían las cerillas y metían los instrumentos en sus respectivas cajas.
El público seguía aplaudiendo, pero no sólo eso, sino que los aplausos arreciaron convirtiéndose en algo terrible y amenazante. Con su gran lazo blanco en el pecho, entró el maestro de ceremonias.
-Están pidiendo otra composición. ¿Podrían ofrecernos algo aunque fuera cortito?
-No puede ser. Tras una obra como ésta, se ofrezca lo que se ofrezca, no nos dejaría en absoluto tranquilos, respondió desabridamente el director.
-Entonces, señor director, salga usted y salude al público, se lo ruego.
-No quiero. Goshu, sal tú y toca algo.
-¿Yo?-, preguntó Goshu atónito.
-Sí, tú,tú-, se apresuró a decir el primer violín.
-Venga, sal y toca-, insistió el director.
Entre todos obligaron a Goshu a coger el chelo, le abrieron la puerta y lo lanzaron al escenario.
Goshu cogió su rasgado violonchelo y salió al escenario terriblemente apurado. Mientras tanto, todo el mundo tocaba las palmas estrepitosamente. Alguien, incluso, lanzó un tremendo chillido.
-¿Hasta dónde es lícito reirse así de la gente? De acuerdo. Prepárense que les voy a tocar “La Caza del Tigre en la India”-, respondió Goshu, saliendo tranquilo y situándose en medio del escenario. En ese trance se puso a tocar al modo como lo hiciera la noche en que lo visitó el gato, lo mismo que si de un terrible elefante se tratara.
El público se quedó en un profundo silencio mientras tocaba. Goshu tocaba y tocaba pasando contínuamente hasta que pasó el punto donde el gato empezó a echar chispas del cuerpo.
Cuando terminó cogió el chelo y, lo mismo que el gato, sin mirar hacia el público huyó rápidamente de la sala. En el camerino, empezando por el director, todo el mundo estaba sentado en silencio y con los ojos clavados en el vacío, lo mismo que si cada cual acabara de ser espectador del incendio de su propia casa o algo parecido y aún no se hubiera recuperado del golpe.
Goshu, importándole ya un comino el resultado, pasó entre los miembros de la orquesta y se dirigió hacia una de las sillas que había al otro lado de la habitación. Se sentó y cruzó los pies. Los compañeros de la orquesta dirigieron hacia él la mirada muy seriamente, sin ápice de burla ni en boca ni en ojos.
-¡Qué noche más extraña!-, pensó Goshu, pero el director se levantó y se dirigió hacia él.
-¡Goshu, maravilloso! Aunque se trataba de aquella melodía, todo el mundo te ha escuchado. En esta semana o diez días has avanzado muchísimo. Comparado con hace diez días se diría que hubieras sido un niño que de pronto se convierte en soldado. Si se quiere, se puede.
¿O no es así?-, todo el mundo se levantó dirigiéndose hacia él.
-¡Maravilloso!
-Gracias a que estás fuerte es posible realizar algo así. Una persona normal se hubiera quedado en el intento-, comentó entretanto el director al otro lado de la sala.
Esa noche, Goshu volvió tarde a casa. Volvió a beber agua ansiosamente, abrió la ventana, y mirando hacia el firmamento creyó ver pasar al cuco volando.
-Cuco, perdóname por lo de la otra noche. No, no estaba enfadado-, susurró casi imperceptiblemente.